Atractivo sugar daddy

Era un día lluvioso, salí porque debía ir a la universidad pero para mí mala suerte, suspendieron clases de último minuto, así que yo, “San tonta”, fui a la universidad, como niña buena que era. Esa mañana vislumbraba todo normal, que iba a ser un día como cualquier otro, sin novedades, así parecía, pero no tenía la menor idea de que sería víctima del destino caprichoso. La jugada que me esperaba, ¡Bárbara!

Tenía 18 años en esas fechas, actualmente tengo 28 mi nombre es Xana. Desperté como de costumbre, a las 7am, vi que el cielo casi caía sobre la ciudad, era un horrible día gris y lluvioso. Había truenos, bueno, por eso dije que yo fui “San tonta”, porque nadie en su sano juicio sale a la calle en un día como ese. ¿A qué saldrías? ¿A qué te parta un rayo en dos? Seguramente.

Vivía con mi mamá, como siempre sólo ella y yo. Crecí con mamá soltera y siempre hemos sido inseparables. Ella despertaba siempre conmigo para darme los buenos días y preparar el desayuno para ambas, no trabaja desde hace años que papá murió y vivimos de su pensión y un negocio que dejó pero de ese negocio se ocupa alguien más, así que mi señora madre vive de sus rentas como quien dice. Por eso siempre tuvimos la oportunidad de estar juntas y convivir como grandes amigas. Y esa mañana de terrible lluvia no era la excepción.

Mi mamita hermosa me dijo que no fuera a la universidad así, ya sabes esa ley: las mamás siempre lo saben todo. Pero no hice caso y fui. Me llevé mi paraguas, botas y lista. Salí a tomar un taxi. Al llegar a la universidad me encuentro con la sorpresa de que no había clases, de último minuto suspendieron las clases a nivel regional. Éramos pocos los ingenuos insensatos que fuimos así a la escuela. Y ok, vamos de vuelta. Ya me había bajado del taxi, y tenía que esperar otro taxi a casa. Estaba yo en la esquina de la universidad esperando un taxi cuando pasó un auto a toda velocidad y me salpicó completamente de agua, ¡Rayos! Quería arrancarle los ojos a ese desgraciado o poncharle sus llantas mínimo (Haha).

Pero el auto que venía detrás de ese malvado malhechor se detuvo, y bajó la ventanilla del copiloto, -señorita, ¿se encuentra bien, necesita un aventón o algo?-, dijo. Yo casi con la cara de vergüenza, quería que la tierra me tragara. No sé si te ha sucedido algo así, pero te invade la pena de que alguien te vea y se burle de ti. Así me sentí. Creo que fui algo grosera con él y casi le pedí que se fuera. Muy grosera. Pero él con su tono muy amable y dulce me dijo, -vivo cerca, si gustas te presto una toalla para que te seques, te puedes enfermar-. No sé qué carajos pasó por mí cabeza, pero ya cuando me di cuenta, estaba en su auto rumbo a su casa, yo sentada ahí en el asiento del copiloto. ¡Pero qué loca, con tanto riesgo de que fuera un loco asesino o qué sé yo!

Aunque ese joven fue muy amable, al llegar a su casa, linda casa por cierto, así la recuerdo. Me quedé en la entrada un tanto cohibida por estar en un lugar extraño ante extrañas circunstancias. Me dijo muy amablemente, -permíteme un momento, déjame ver que el baño esté decente para que entres a secarte-. Lo sonreí en modo de agradecimiento, mientras fue, observé su casa, esa decoración era obra de una mujer, muy seguramente, eso pensé.

-Linda casa, y muy amable, gracias. Debe pensar que soy muy irresponsable al subir al auto de un extraño así tan fácilmente-, le dije. Y él sonriendo me dijo, -nada de eso señorita, entre al baño a secarse, y la llevo a su casa en cuanto usted guste-. Me prestó una ropa de mujer, ropa seca, vaya que la necesitaba porque estaba empapada de pies a cabeza. Me comentó, al dármela, que es ropa que dejó ahí su ex y ya no la ocuparía. ¡Ajá, lo sabía¡ Una mujer vivía en esa casa, claro, ese buen gusto femenino es obvio.

Tendí mi ropa en el baño para que secase un poco antes de irme. Al salir del baño me esperaba una tasa de chocolate caliente en la barra de la cocina, y él había puesto música acogedora. Me acerqué y le agradecí, le dije que no estaría mucho tiempo, con la pena de tantas molestias. Él debió tener unos 30 años o poco menos, no era un hombre muy grande de edad. Era apuesto y muy educado. Cuando bebíamos la tasa de chocolate, no sé cómo, pero de repente entre la conversación se acercó y me besó. Ese arrebato inesperado me dejó perpleja.

La gran sorpresa es que yo era virgen. Jamás había estado con nadie en la intimidad. Había tenido novios de la escuela pero nada de intimidad. Hacía mucho tiempo ya que tenía ganas de vivir esa experiencia. Y fue ahí. Sin esperarlo ni planearlo. Yo no sé si él tenía en mente todo este macabro plan desde el momento en que me ofreció llevarme a su casa para “secarme”. Pero ¡WOW! Vaya sorpresa. Fue la primera vez que lo hice, nunca imaginé que sería con un hombre extraño ni mucho menos mayor que yo. Fue de verdad increíble, me trató como nunca imaginé que alguien me trataría, es más, yo pensé que la primera vez me dolería y nada de eso, al contrario, lo disfruté muchísimo.

Lo hicimos ahí en la sala, extendió un manta gruesa sobre la alfombra, en serio fue muy sexy todo. Sentí que en mi cuerpo, por dentro estallaban fuegos artificiales por doquier. Esta primera experiencia fue inolvidable. Fue verdaderamente grato haber vivido la primera vez con una persona mayor, con experiencia. Al terminar me abrazó y me quedé dormida en su regazo. Me sentí soñada. Al despertar me vestí, mi ropa obviamente seguía húmeda pero así me fui, ni modo de llegar a casa con ropa de extraños. ¿Qué diría mi mamá? ¡No, no!

Me llevó a casa y nos despedimos. Jamás en la vida supe quién era él, ni siquiera pude recordar dónde era su casa, estaba endiosada que no me fijé del camino. Todo el día pensé en ese hombre, en esa experiencia, o sea, yo jamás imaginé que mi primera vez sería con un extraño, yo quería el cuento de hadas y hasta cierto punto seguía desconcertada por lo que había ocurrido. Después pensé en todo lo malo que pudo haber sucedido, ¡Qué bueno que no pasó nada malo eh!

En fin. Me sentí nueva, me sentí mujer. Quería comerme al mundo, esa sensación de poder era hasta insoportable para mí misma, no cabía yo en mi propio cuerpo, quería aventurarme. Definitivamente quería volver a sentir lo mismo que sentí ese día tan loco. Y la siguiente vez lo hice con un amigo de la universidad pero fue un completo desastre, entonces entendí que la inexperiencia de los jóvenes no tiene la menor comparación con la experiencia de un hombre mayor. Son diferentes en todo. Es una desventaja abismal para los jóvenes. Cuando entendí eso fui en busca de un hombre maduro y lo comprobé, así que siempre le aposté desde entonces, a los hombres mayores. De 40 a 50 son mis favoritos.

A todo esto, te preguntarás, ¿Qué tiene qué ver mi historia con los SD? Pues mucho. Verás, debido a mi primera experiencia con un hombre mayor, eso es lo que conozco desde un principio como sinónimo de placer, seguridad sobre todo, autonomía, facilidades, etc. Pocas veces he tenido intimidad con chicos más jóvenes de lo usual o de mi edad, y honestamente, no son mis favoritos. Definitivamente le apuesto a los hombres maduros. Les agradezco que compartan su experiencia con chicas como yo. Porque con ellos todo es posible. Las mejores cosas las he vivido gracias a hombres mayores y generosos que me benefician de muchas maneras, es el acuerdo perfecto, ambas partes ganan.

Fue a los 20 años cuando tuve a mi primer SD. Nos conocimos en un sitio web de encuentros casuales. Debido a mi ligera obsesión por los hombres viejos, los buscaba en internet, ya que en persona no tenía muchas oportunidades de conocerlos, y las ventajas de estos sitios en internet es que pones específicamente en el buscador lo que necesitas y listo, te aparecen las opciones de acuerdo a tus preferencias, ahorran mucho tiempo y te brindan muchas opciones, ¡Gracias internet!

Mi experiencia buscando sugar daddies

Alfonso se llamaba este primer SD. Charlamos un tiempo por internet antes de conocernos, alrededor de un mes antes de vernos en persona. Nos habíamos entendido muy bien. Él era un exitoso empresario, bastante guapo si me lo preguntan. Era todo un galán y con una actitud de conquistador que de inicio parecía pedante pero una vez que caí en sus redes me encantaba locamente. Quedamos de vernos en el estacionamiento de una plaza. Me dijo cuál era su auto, por teléfono nos comunicamos, y al ver su auto le llegué por la puerta del copiloto y ambos nos alegramos de vernos al fin después de tanto hablar tras la pantalla.

Como ya nos conocíamos un poco después de un mes de chats en línea y llamadas. “Ya nos teníamos ganas”, como coloquialmente se dice. Así que fuimos directo a un motel y la pasión era mutua. Inolvidable encuentro. Al terminar conversamos un poco y me llevó de nuevo a casa. No perdimos comunicación en todo el tiempo que duramos viéndonos. Pero desde el primer encuentro me dio un obsequio, un hermoso reloj MK, yo ignoraba de marcas y precios, no es algo en lo que suelo fijarme, pero mi primo gay cuando vio el reloj que había arrumbado en mi tocador gritó como loca, “OMG un MK ¡¿por qué no lo traes puesto?!” Yo súper sacada de onda, no entendí. Y rápido mi primo buscó en la página oficial de la marca y me dijo el precio, me fui para atrás cuando supe. Entonces entendí que él gastaría en mí sin escatimar.

Descubrí una cosa hermosa, las ventajas de ser mujer y tener un hombre generoso que quiere consentirme con, dinero básicamente. Y pensé lo tonta que había sido al “regalarme” con muchos sin obtener nada más que buenos momentos, pero nada tangible. No quiero sonar frívola, pero todo sabe más rico con detalles, con obsequios. No conozco, hasta el día de hoy, mujer que no se sienta halagada por un presente de un hombre. ¡Nunca! Y ahí empecé a jugar este papel. No se trata de pedir, porque ellos solos te dan las cosas, es su modo de agradecimiento por darles momentos mágicos, ¡O qué sé yo! Pero qué genial, una vez que te dan regalos entras a ese lindo mundo de intercambios y me parece justo.

No es prostitución ni nada parecido, somos solo dos personas disfrutando del momento, y ambos tenemos cosas que ofrecernos. Con Alfonso duré 3 o 4 meses, no mucho en realidad, pero gracias a él aprendí el poder de mi belleza y mi juventud. Después de él tenía que apuntar alto nuevamente, se habían acabado los experimentos con chicos jóvenes y los encuentros fugaces con extraños. Tenía un nuevo objetivo a la hora de querer compañía y compartir la intimidad. Al menos unos meses de beneficios era lo básico para mí, ahora.

Y así ha sido, encontré en los hombres mayores el confort de la compañía de calidad. Las grandes ventajas que ellos representan para mí son muchas. Desde la sexualidad con verdadero placer, los buenos restaurantes, los regalos, las buenas charlas, etc. su experiencia es su fuerte. Son personas que saben lo que quieren y su autonomía hasta cierto punto me parece sexy, no me imagino con chicos jóvenes, ya no. Es como bajar de nivel. Actualmente no estoy con nadie, la última relación de SD que tuve fue hace dos meses, como siempre, momentos únicos. Sigo abierta a la posibilidad de conocer a otro grandioso hombre mayor…


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