Pensar que muchas veces me dije a mí misma que nunca necesitaría de un hombre para lograr mis metas, esto me lo decía hace unos años atrás, cuando aún estudiaba la preparatoria, pero era un poco más inexperta que hoy y, por ende, más ingenua, sin embargo, la vida muchas veces cambia drásticamente y no pude escapar de las circunstancias; hoy por hoy puedo decir que sin la ayuda de mi “viejito chulo” jamás habría conseguido mis metas, al menos, no del modo fácil como fue.

Me llamo Araceli, tengo casi 30 años, soy soltera, ya tengo familia, me casé hace 3 años y estoy embarazada actualmente, estoy viviendo mi vida tal y como lo deseaba, pero detrás de toda esta felicidad hay una historia que muy pocos conocen, y hoy te la quiero contar, esperando que de algún modo te sientas identificada conmigo y te inspires a no rendirte y conseguir lo que buscas sea como sea, no te cierres a las posibilidades, se abierta.

Tenía 19 años cuando conocí a Raúl, él era un señor muy discreto, no era el clásico hombre “mirón” que se evidencia rápido, él por el contrario era caballeroso y educado con todos; yo era mesera en un restaurante-bar muy concurrido de Vallarta, con ambiente familiar de día y con ambiente jovial y de antro por la noche, así que una semana me tocaba trabajar de día y a la siguiente semana trabajaba de noche, me gustaba mucho ese empleo, conocía personas y convivía con mis compañeros de trabajo, era el trabajo ideal para cualquier joven, y como en este medio, nunca faltaba el “cliente fiel” y generoso que dejaba buena propina, ese era Raúl.

Él parecía una persona disciplinada y metódica, siempre llegaba el mismo día a las 3 de la tarde normalmente, era un médico militar, así que parecía una persona fría y rígida de hábitos, pero una vez que lo tratabas, descubrías que era un señor amable y muy cálido, se sabía adaptar a cualquier persona para cualquier conversación, era muy apreciado por los meseros y por supuesto, especialmente por mí; siempre que llegaba a comer preguntaba por mi si no me veía a la vista. Y en muchas ocasiones iba al lugar de noche, cuando era mi semana nocturna, no se quedaba mucho tiempo, casi parecía que solo iba a verme y nada más, después descubrí que, en efecto, ese era el objetivo, verme.

Llevó a cabo esa rutina durante 1 año entero, claro que no lo planeó, pero por lo que después me contó, tenía unos meses interesado en mí de un modo diferente al habitual, al inicio era mi cliente favorito y yo su mesera favorita, y no había atracción mutua ni nada parecido, ese sentimiento nació con el tiempo, como toda relación entre dos personas que se quieren. Él siempre me hacía un poco de plática cuando se daba la oportunidad, cuando no había muchos clientes y recuerdo que siempre me motivaba a seguir estudiando y consejos así, la clase de consejos que esperas de un señor mayor que ya vive de su carrera profesional y te puede hablar de éxito porque predica con el ejemplo. Siempre lo consideré como una figura ejemplar, jamás sospeché que él pudiera sentir algo por mí, ¡Vaya que sabía disimular!

Un día me comentó de una vacante en su consultorio médico, necesitaba una recepcionista para los fines de semana y como él sabía, yo trabajaba solo de lunes a viernes, así que por esa razón me ofreció ese empleo de fines de semana, a mí me encantó la idea, sobre todo por tratarse de una persona de confianza; al siguiente fin de semana me presenté en el consultorio para el empleo, y casi no había movimiento, según recuerdo. Mas adelante me comentó que sentía cierta atracción por mí, pero nada serio, pero cuando empecé a trabajar para él, se reforzó nuestra amistad y con ello, el enamoramiento y el cariño.

Un sábado, saliendo del consultorio me invitó a comer, cerrábamos a las 3 de la tarde los sábados y los domingos a mediodía. Cuando fuimos a comer, y me llevó a un restaurante muy elegante y bonito, de comida gourmet, yo no imaginé sus pretensiones, pero él ya tenía casi todo planeado, estando ahí me dijo que le gustaría intentar una relación casual conmigo, yo me quedé un poco perpleja, porque no lo esperaba de él, no me molestó, solo me sorprendí porque tenía otra imagen de él, pero finalmente es hombre y traté de procesar rápido la información. ¡Menuda bomba que me soltó en ese momento! Me dijo que él no buscaba una relación formal ni nada comprometedor, solo pasar momentos de compañía a cambio de apoyarme con mis gastos escolares y cosas que yo necesitara. La idea era salir con él de vez en cuando a comer, o eventos como convenciones médicas y cosas de esas que frecuentan los médicos, incluso a salir de viaje con él. Yo rápidamente me imaginé las escenas, pensé que no me caería mal un ingreso extra a cambio de solo acompañar a este señor en algunas ocasiones, yo vivía solo con mi mamá y tenía que trabajar para pagar mis estudios y en muchas ocasiones tenía carencias económicas y era muy difícil para mí a veces, así que no me pareció mal la idea, aparte que en esa época me encontraba soltera. Le dije que sí, que podía aceptar, pero solo porque se trataba de una persona conocida y ya le tenía confianza, que no quería que él pensase que yo acostumbraba a hacer cosas así. Y así disfrutamos de esa primera salida juntos; admito que fue muy raro y me costó un poco de tiempo asimilar la proposición esa tarde, ¡no me lo esperaba!

Saliendo del restaurante fuimos al cine y pasamos una tarde muy contentos los dos, debido a que ya lo conocía pude disfrutar tranquilamente nuestro tiempo juntos en esta nueva etapa, pero me daba vueltas en la cabeza, la idea de lo que sucedería después. Cuando me llevó a mi casa no pude evitar hacer la pregunta obligada, – ¿Tendremos sexo o no es necesario llegar a eso? -. él me dijo que deseaba que eso sucediera espontáneamente, cuando los dos lo deseáramos, no quería forzar las cosas y que por esa razón me alejara de él, escucharlo decir eso me hizo sentir muy tranquila.

Ambos seguimos actuando normal, como siempre, nada cambió, y me sentía muy cómoda con el acuerdo, las cosas siguieron pasando como de costumbre, seguí trabajando para él y él siguió yendo al restaurante, absolutamente nada cambió. Pero fuimos discretos al inicio, para evitar comentarios negativos de los conocidos, sobre todo de mis compañeros de trabajo. A mi mamá le conté todo porque siempre le tuve mucha confianza y ella no era una mamá cerrada, siempre me aconsejó ser precavida y creerles a los hombres la mitad de lo que dijeran, (¡ah! mi mamita hermosa, siempre tan sabia). Y muchas veces Raúl saludaba a mi mamá, no era una relación formal pero tampoco era un secreto, al menos lo supieron solo nuestros más cercanos, no había necesidad de divulgar la situación de nosotros.

Tengo recuerdos muy bellos de nuestra relación, o lo que sea que haya sido eso que vivimos juntos. A su lado aprendí muchas cosas importantes de la vida. Nunca me pareció un “sacrificio” estar con él, aunque no era un joven apuesto ni nada parecido, era un hombre maduro e inteligente y en realidad ni siquiera era feo o guapo, pero tenía mucha personalidad y confianza de sí mismo que en lo personal, eso me enamoró, todas sus cualidades me encantaban. Me sentía muy segura con él, sentía que las cosas que quería para mi vida eran todas posibles, y que tenía su respaldo ahí, protegiéndome. En una ocasión entre platica me contó su vida y las razones de estar solo y tener que llevar una relación como la nuestra. Una vez estuvo casado y tuvo familia, pero tristemente los perdió en un accidente automovilístico y peor aún, sucedió cuando se encontraba fuera de la ciudad; no pude evitar sentir tristeza por su historia, pero rápido entendí que él ya lo había visto todo y que era una persona fuerte, que esos golpes de la vida lo habían hecho lo que era. Y no era solitario ni depresivo, de hecho, disfrutaba su soledad.

Cuando estuve dentro de su vida íntima, supe que él tenía un dolor fuerte al haber perdido a su familia pero que no se limitó por ello, al contrario, aprendió a vivir y a disfrutar su vida, viajando, conociendo lugares, disfrutando de los placeres porque podía hacerlo pero que no estaba dispuesto a volver a formar una familia, parecía que respetaba ese lugar solo para los seres amados que perdió, como un modo de tributo a ellos, no se volvió a casar ni mucho menos tuvo hijos con nadie, pero vivía al máximo; supongo que tenía miedo de volver a pasar por lo mismo, ¿quién no? Su historia podía ser triste, y de hecho él parecía una persona seria y aburrida, pero era una fachada bien actuada. Resultó ser el hombre más maravilloso y aventurero que he conocido, de él aprendí que no importa cuán difícil sea la situación, siempre que el sol te ilumine un día más se trata de otra oportunidad para ser mejor y para aprender a ser feliz. Una persona inteligente elige ser feliz, y yo quería ser así, feliz y, por ende, inteligente.

Fue una figura importante para el resto de mi vida, porque me apoyó con mi universidad y concluí mi carrera profesional, y aparte de todo el beneficio económico que pude haber obtenido de él, lo más valioso fueron las enseñanzas de la vida. Siempre tenía consejos importantes que dar, pero no parecía un papá sustituto, siempre me supo tratar con respeto y haciéndome sentir importante, y no por el hecho de ser más joven que él me denostó, jamás. Siempre me trató como su igual y me lleno de autoconfianza.

Viajamos mucho por todo México, recuerdo muchas bonitas anécdotas de esos viajes. Como, por ejemplo, cuando fuimos a Playa del Carmen, era un verano con deliciosos días soleados dignos de la playa, pasábamos gran parte del día en la playa, caminando y comiendo acompañados de la brisa del mar, viendo los atardeceres, disfrutando del calor y del ambiente que se respiraba, un ambiente vacacional donde todos están felices lejos de sus aburridas y cotidianas vidas, y entre esos dichosos, nosotros.

Fue muy lindo haber compartido mi tiempo con él, duramos juntos algunos años, pero después él se tuvo que ir de la ciudad, aprovechó una oportunidad de una mejor vida y se marchó. Pero continuamos en contacto por un tiempo más, hasta que conocí a mi actual esposo; recuerdo que Raúl siempre me decía que no me cerrara yo al amor, que no era buena idea que por estar con él me perdiera de la oportunidad de conocer el amor y la estabilidad de una pareja formal, que si llegaba ese gran amor durante mi relación con él que no me negara, solo que le avisara y él lo entendería y que contrario a enojarse, estaría feliz por mi porque merecía ser feliz con alguien y tener una relación normal, y así fue.

Él fue mi único SD, actualmente así le dicen, antes no tenía una denominación o al menos yo no tenía idea. Pero hoy que recuerdo mi pasado con él, me doy cuenta de que si no hubiera accedido a este tipo de relación muy posiblemente mi historia actual sería distinta; considero que a su lado maduré mucho y aprendí que en una relación algo importante es la libertad de cada uno, que no se necesita llegar a los extremos para ser feliz sino saber vivir el aquí y ahora y que es necesario tener metas en la vida y sentir inspiración para alcanzarlas. Hay personas que sufren mucho, y han estado en el fin de sus mundos y no se rinden, (como él). Sin duda dejó huella en mi vida. Aparte que logré terminar la carrera con el apoyo de él y disfruté esa parte de mi vida joven viajando y conociendo nuevos lugares y culturas, Raúl revolucionó mi mundo por completo, estaré siempre agradecida con él y siempre sentiré un amor especial hacia él.


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