Gabriel y Laura

Hace dos años atrás, la siguiente historia sería imposible de creer para cualquiera que me conozca. Yo solía ser la típica ama de casa abnegada, hasta cierto punto un tanto aburrida, con mis días destinados a la monotonía, no había novedades, y francamente, era feliz así, no necesitaba más que eso, me sentía bien con quién era. Hasta que…

En una ocasión, mi esposo, sí, mi adorado esposo, comenzó a cambiar de actitud; comenzó a cuidar más su imagen, a buscar verse más atractivo, y de inicio no reconocí las señales de una infidelidad, pero cuando fui a visitarlo a su trabajo, un día de aquellos en los que me atrevía a romper la rutina, me percaté de la maldita realidad. Y fue en ese momento que todo comenzó a cambiar dentro de mí, por más grande que era mi amor hacia él, la decepción fue aún más fuerte. Supongo que eso es lo que sucede cuando idealizamos a alguien, ponemos a una persona en un pedestal y cuando viene el golpe de realidad, resulta tremendo. Así me sucedió con mi “adorado esposo”.

No dije nada, en realidad, nunca le hice una escena de celos, ni le reclamé. No supe qué hacer. Me lo guardé. Él jamás me falló en nada, siempre me ha dado todo y más. Ha sido un maravilloso esposo y padre, no lo quiero perder. Con él he vivido los mejores años de mi vida, y son tantos años juntos que decidí superar mi decepción en silencio. Lo que sucedió después, no lo planeé jamás, solo sucedió.

Comencé a hacer cosas nuevas, a ocuparme más de mí persona; entré a estudiar Gastronomía, comencé a salir con mis amigas cada fin de semana, a conocer personas, simplemente comencé a vivir mi vida, y eso, me empezó a gustar mucho. Por varios años seguí “respetando” a mi esposo, pero de repente, en una de mis actividades de grupo conocí a Gabriel.

 

Yo era parte de una asociación de conciencia ambiental, entré ahí por invitación de mi amiga, y nos reuníamos cada viernes por la tarde. Era divertido. Pero lo era más aún con la presencia de Gabriel. De inicio era todo lo opuesto al tipo de hombre que me atrae. Me era indiferente, solo me agradaba como amistad. Pero un día, saliendo de la reunión, fuimos todos a un bar, la cosa terminó en fiesta, irónicamente. 

Entre bebidas fiesteras, música y risas todo convivimos alegremente, dieron las 3 am y casi todos se habían ido, quedábamos solo Gabriel, mi amiga y yo. Después de un rato mi amiga se fue y decidí irme también. Pero mi camioneta me hizo una mala jugada, no arrancó, y Gabriel se ofreció a llevarme a casa. Tú sabes cómo son estas cosas, como dicen comúnmente: cuando te toca, te toca. Y así fue. Cuando llegamos a mi casa, antes de despedirnos me dijo que sería bueno repetir una salida así, que la pasó muy bien, le dije que sí, que debíamos quedar con el resto del grupo, pero él se refería a nosotros dos, cuando me lo comentó me quedé un poco perpleja, le dije que se vería un poco mal, salir solo él y yo, de hecho me sentí un poco incómoda y hasta molesta, no me gustó su insinuación. Y amablemente me despedí. Creo que él se sintió fatal pero ya era tarde para remediarlo.

Al entrar a casa encontré a mi esposo haciendo maletas, su familia le había llamado de emergencia, su madre estaba enferma en el hospital y debía viajar pronto para allá, su vuelo salía a las 6 am, estaba con el tiempo contado. Le deseé suerte y buen viaje, yo necesitaba tocar la cama y perderme en un rico sueño, no aguantaba mis pies de tanto bailar.

 

Una vez que me vi sola en la oscuridad de la madrugada de ese sábado, me invadió la idea de aceptar la invitación de Gabriel, fue como un hechizo que se apoderó de mi mente y mis ansias de hacer travesuras. A pesar de lo que había sucedido con mi esposo sobre la infidelidad y esa traición que me había tragado hacía un tiempo atrás, creo que en un intento “medio inocente” de convencerme a mí misma que esta idea nueva en mi mente sobre Gabriel, pues, no estaba tan mal, después de todo; se dibujó una sonrisa coqueta en mi rostro, y así, como una niña que acaba de hacer una travesura, me sonreí y me dejé someter por la adrenalina y la emoción de darme el gusto de una aventura con un nuevo hombre, sin que nadie lo supiera, mucho menos mi esposo.

Por la mañana, le envié un mensaje a Gabriel, le dije que posiblemente fui un poco grosera, le agradecí el gesto de la invitación y le dije que cualquier día, aceptaba salir. A los pocos minutos, recibí su mensaje de vuelta: ¡Hoy sería perfecto, es sábado, la noche es joven siempre en fin de semana! Así quedamos de vernos esa noche, él quedó de pasar por mí y listo. Fuimos a cenar a un lindo lugar donde los vinos y quesos eran una maravilla. Después de un momento agradable, y una charla bastante amena, yo no sabía qué más debía suceder, hacía tantos años que no compartía un momento así con alguien que no fuese mi esposo, había olvidado casi todo el protocolo para una primera cita.

Fue todo un caballero, obviamente él invitó la cena. Yo me sentí bastante halagada, era como volver al juego nuevamente. Me sentí joven de nuevo y fue lindo, volver a sentir que un hombre me notaba. Sentirme bonita y tomada en cuenta. Me volví a sentir mujer. No fue necesario ir a la cama esa misma noche, aunque por el ambiente romántico las ganas de ello no me faltaban. Así comenzó esta bella historia.

 

Comenzamos a vernos muy seguido, mi esposo tiene su empresa propia, y viaja mucho o casi nunca está en casa, de momento seguía en casa de su madre por su salud crítica, y fue casi un mes o más que se quedó allá. En ese tiempo, era a diario que nos veíamos Gabriel y yo. Sin darme cuenta que me convertí en su SB. Me llevaba a lindos lugares, hacíamos viajes cortos a las ciudades cercanas, me compraba ropa, incluso hasta empezó a pagar los servicios del hogar, es algo que por supuesto yo no necesito, pero él quería hacerlo, y pues, bien dicen, “a quien le dan pan que llore”, (risa). Algo que me cautivó de Gabriel es que se trata del típico estereotipo de caballero. Es muy atento conmigo y me ha regresado la confianza en mí misma. Me siento importante a su lado.

Sin que nadie supiera, a escondidas de los compañeros del grupo nos vemos cada que hay oportunidad, él también es casado. Sus razones para hacer esto no las sé ni tampoco me interesan. Yo sé las mías, y aunque no justifico para nada esta situación, siento que estoy viviendo la mejor aventura de mi vida, soy una mujer adulta, ya crie a mis hijos, ya le correspondí a mi esposo lo mejor que pude, él también tiene sus aventuras. Yo estoy teniendo la mía. Por cierto, tengo 45 años, Gabriel tiene 50.

 

Sucedió muy deprisa todo, no sé si por mi estado anímico en el momento que inició, pero desde que estoy con él, a escondidas, dejé de sentir rencor hacia mi esposo. Somos cuidadosos en cada encuentro, ni él ni yo queremos causar problemas a nuestras familias. Somos conscientes que esto no es bien visto, tal vez hasta incorrecto, pero nos hace felices y eso es lo único importante. Las cosas nuevas con él son para contar y gritar al mundo. Sin embargo, no lo hago. Apenas en este momento, me atrevo a contarle a alguien, y qué curioso, solo con gente extraña me estoy atreviendo a contarlo.

Cada semana con pretexto de las reuniones del grupo ambiental, los viernes, son los días más esperados por mi, son los días que nos escapamos juntos, saliendo de las reuniones nos vamos a otro lado, incluso, hemos incentivado a los compañeros a realizar viajes grupales, de tal modo que lo vemos conseguido, para poder justificar viajes de más de un día, y ha sido, WOW, bastante divertido, nadie sabe lo nuestro, posiblemente eso es lo que convierte todo esto en algo emocionante.

En los viajes grupales, nos escabullimos a solas, a la hora en que las cosas indebidas pueden ser realizadas, y somos los primeros en la lista. Tratamos de salir seguido a las ciudades cercanas y no somos muy frecuentes en nuestra ciudad ya que no queremos ser descubiertos por alguien conocido. También hay ocasiones en que viajamos solos, él inventa viajes de trabajo y yo aprovecho cuando mi esposo está de viaje, nos vamos normalmente en fines de semana.

Viajamos seguido a la Ciudad de México, ahí él tiene un departamento donde hemos pasado bellos momentos. Estamos decorando juntos ese departamento. No hay planes concretos. No creo, honestamente, que él o yo seamos capaces de dejar nuestras vidas actuales para hacer formal una relación, solo queremos disfrutar este momento juntos. Es lo bueno de las relaciones que se dan entre adultos, tenemos clara nuestra realidad, no andamos con rodeos, no somos niños ingenios, ya sabemos lo que queremos.

 

En cada viaje le gusta que vayamos a comprarme ropa, le gusta que le modele mi ropa nueva, me dice que soy su muñequita, y eso a cualquier mujer le gusta. Hacía tanto tiempo que no me sentía así, y me siento agradecida por volver a experimentar estas sensaciones. Nos gusta asistir a eventos culturales juntos, tenemos casi los mismos gustos, por eso podemos pasar horas platicando y riendo de nuestras anécdotas. Cuando encuentras a una persona con quién te sientes tú misma y te sientes bien, no puedes darte el lujo de rechazarlo. 

Ya han transcurrido dos años de esto, la ventaja de este tipo de relaciones es que en los encuentros sólo se trata de risas, buenos momentos, buenas emociones, no hay tiempo de enojarse, o discutir, porque precisamente, encuentras un oasis muy aparte de tu realidad, de la vida que llevas a los ojos de los demás. Esto es casi, algo sagrado.

Uno busca escapar de sus vidas cotidianas, y te conviertes en cómplice de este amante tuyo. Amante secreto. No sé cómo va a terminar esto, lo que sé es que soy muy feliz desde que inició. Que me es grato que un hombre me trate como a su princesa. Que, a pesar de no tener la necesidad económica, él me provee de lo básico, si algo se me antoja me lo compra, si algo quiero, él hace lo necesario para satisfacer mis antojos. No hay reglas para ser una SB, al parecer. Ni edad, ya que no soy una niña joven. Lo sé.

Quería compartir con ustedes mi experiencia, porque creo que es válido que a pesar de las circunstancias uno encuentre la felicidad. Posiblemente hay más de una mujer en mi situación, que posiblemente, se siente mal o cree que no es correcto ser “infiel”. Pero cada uno tiene sus razones. Nada lo justifica. Pero las diferentes circunstancias orillan a veces, a ser diferente, a atreverse a ser capaz de serlo.

 

Yo no me arrepiento de nada, creo que estoy recuperando mi vitalidad, que experimentar cosas nuevas junto a Gabriel me ha devuelto la sonrisa sincera en este rostro que ya parecía resignado a la cotidianeidad de los días aburridos de la típica ama de casa. Quién haya hecho las reglas de la sociedad, lo que se debe y/o lo que no se debe hacer, ¡Aburrido! Si algo siempre queda claro es que, vida, solo hay una; y con el paso de los años cada vez es más claro entenderlo. Yo hace tiempo me decidí por completo vivir la mía ¡Ya!


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