Te comparto mi experiencia y las enseñanzas que estos años como sugar baby me han regalado.

¡Hola! Me llamo Romina, tengo 32 años, soy madre de dos niños, una niña de 15 años y un niño de 2 años. Actualmente vivo en unión libre con el padre de mi niño y por increíble que parezca, sigo conservando a mi Sugar daddy, con quien tengo ya alrededor de 8 años, si no es que más.

Sugar baby

¿Cómo conocí a mi sugar daddy?

Todo fue en la fiesta de una amiga, el esposo de mi amiga es petrolero, y cada domingo se reúnen para convivir con las amistades, y llegan otros compañeros de trabajo del esposo, así que, en esa ocasión, en una de las tantas fiestas, llegué por invitación de mi amiga y para mi fortuna, ahí estaba Manuel. Él de 48 años, y yo 24 años, al momento de conocernos.

Nos presentó el esposo de mi amiga, y conversamos un poco durante la bulla y el sonido de la carne asándose en la parrilla al aire libre. No supe mucho de él, en ese momento me pareció un señor muy amable e interesante y no pude evitar notar que es un hombre adinerado, todo mundo lo trataba con mucho respeto y admiración, y era evidente que gozaba de un rango jerárquico bastante alto en su área laboral, el Ing. Manuel. Me pareció muy divertido, tenía muchas buenas historias y chistes bajo la manga, conseguía sacarte una sonrisa de inmediato. Iba solo a la reunión, así que supuse que es soltero; en realidad, supuse muchas cosas ese día, fue el tiempo quién me diera la razón o no. Yo percibí cierta atracción por parte de él, pero no secundé la acción, traté de mantener una línea clara entre buena la charla y dar pie a un acostón.

Me pidió mi número telefónico cuando nos despedimos, por alguna razón se lo proporcioné. Pasaron unos días, cuando me llamó. Me invitó a salir por un café, (típico), y acepté. Yo era recién divorciada, por lo que no tenía compromisos con ninguna persona, ni nada en puerta con alguien.

Quedó de pasar a mi casa por mí, y debido a que se trataba de una persona que conocí en el circulo social de mi amiga, no vi mal en darle mi dirección. Ya estaba lista cuando él llegó, casi venía llegando a la casa de dejar a mi hija con su abuelita que vive cerca, cuando recibí su llamada telefónica avisando, y me asomé por la cortina de la ventana, vi una bonita, grande y lujosa camioneta estacionada frente a la casa, me gustó lo que vi, me sentí especial y me gustó ser pretendida por una persona, así como él.

Cuando salí y cerraba la puerta de la casa, él se bajó rápido de su auto, me saludo amablemente y me abrió la puerta para subir, no pude evitar pensar dos cosas, una, llegó y no tocó el claxon, sino que me llamó por teléfono para avisarme, y dos, de modo caballeroso me abrió la puerta del auto, puede que para alguien esto suene insignificante, pero yo me fijo en todos los detalles, y me agrado eso de él, que sea una persona muy educada aparte de divertida, pude notar de inmediato la diferencia entre salir con una persona mayor que yo y salir con un chico de mi edad.

Dos niveles completamente diferentes. Llegamos a un café para conversar, platicamos de nuestras vidas, la intención era conocernos más, y él se portó a la altura todo el tiempo, en ningún momento me insinuó nada incómodo, aunque en el ambiente se podía percibir la atracción de ambos, no hubo pie para más que una simple y agradable charla de dos personas que pretenden conocerse más y ver qué sucede más adelante.

Esa vez me dijo que era casado, tiene dos hijas, un perro como mascota, sus hijas viven en Europa y su esposa, de nacionalidad española, va y viene constantemente a su país natal y a México, casi no se ven, y de cualquier modo, su matrimonio estaba en ruinas, solo estaban juntos por intereses económicos, ya que ambos tienen una empresa y un divorcio representaba inconvenientes legales sobre los bienes de la empresa, pero que habían acordado seguir con sus vidas sin la necesidad de divorciarse, y de momento pensé: lo que dicen todos los hombres para justificar sus infidelidades, pero después me di cuenta que en caso de él, era tal cual me lo contó.

Duramos viéndonos así un mes, nos veíamos cada semana, cuando se podía, porque él es una persona muy ocupada, es superintendente de una planta en PEMEX y casi nunca tiene tiempo libre, no tiene horas de trabajo en realidad, va cuando se le necesita, y eso es casi todo el tiempo, viaja mucho por motivos de trabajo, hay ocasiones que pasa días en la planta, tienen un área para hospedaje porque es en serio, absorbente, siempre he admirado ese lado de él, tan entregado y dedicado a lo suyo, muy responsable y centrado. Siempre me engancha cuando me platica cosas de su trabajo, porque lo cuenta con tanta pasión, aunque no le entiendo un carajo de lo que me habla, le pongo atención y finjo comprender lo que dice, me gusta verlo así, apasionado por lo que hace, me contagia de su energía brillante.

Cuando transcurrió ese mes de cafés y largas conversaciones, me sentía flechada por cupido

Cuando transcurrió ese mes de cafés y largas conversaciones, me sentía flechada por cupido

Fue inevitable desarrollar sentimientos de amor y cariño hacia él. Y le propuse hacer el amor, claro que él gustoso aceptó. Y debo decir que la experiencia, ¡fue la mejor de todas! Este hombre mayor que yo, sabía de todo, y no solo respecto al intelecto, sabía cómo tratar a una mujer en esos momentos de intimidad, quedé más cautivada después de eso, y admito que tenía el temor que después de eso se desmoronara la relación que ya habíamos reforzado charla tras charla, para mi suerte, no fue así, al contrario, se amplió la confianza que ya nos teníamos.

No tenía la necesidad de llamarme por teléfono a cada rato, porque yo sabía que él estaba ahí, tenía la seguridad y era muy gratificante para mi esa sensación de saber que él realmente estaba ahí para mí.

Comenzó a involucrarse más en mi vida personal, no por entrometido, sino que al momento de convivir y compartirnos nuestras anécdotas cotidianas se enteraba de cosas sobre mí, y sabiendo que era mamá soltera, empezó a apoyarme económicamente, algo que me cayó de lujo, porque yo tenía, y tengo aún, muchos conflictos con el padre de mi hija; Manuel empezó a apoyarme con mis gastos y con la remodelación de mi casa y todas las necesidades que se me presentaban. Cada semana, tenía ese dinero sin falta, pero no fue al inicio, y tampoco fue algo que yo le pedí, sino que él comenzó a hacerlo, no sé si se aseguró de que yo no fuera una chica interesada para dar ese paso, pero fuera como fuera, me ha ayudado mucho y por eso siempre le estaré agradecida.

Y así se fue desarrollando la relación, con el paso del tiempo, cuando teníamos un año viéndonos, ya conocía a mi familia cercada, mi madre, mi hija, mis amigas y mis hermanas, ya convivíamos en reuniones de Karaoke, la pasábamos bien siempre, de hecho, es una persona muy querida por mis amistades y mi familia, y siempre es bienvenido en mi núcleo más cercano.

De repente, como todo tipo de relación, surgieron los problemas.

Su esposa quiso que lo intentarán nuevamente, y él pensó que sería bueno intentarlo, por las hijas, finalmente compartían una familia y tenían su historia, jamás juzgaré esa decisión, tal vez en su lugar yo lo habría hecho.

Antes de dar ese paso decisivo, él me lo informó, y sentí un golpe seco en el estómago, pero esa era la realidad y no pude evitar sentirme traicionada y estúpida, pero me traté de comportar madura, y le agradecí confesarlo y le deseé lo mejor, de modo hipócrita, ¡ups!

Sentí que volvía al mismo punto del inicio. Pero al ver a mi alrededor, veía que había conseguido avances emocionales y materiales, mi casa lucía más bonita, había terminado mi carrera universitaria que tenía a un paso de terminar y que no podía por la colegiatura, ya había puesto en orden mis pendientes, que de no haber sido por la ayuda de ese hombre, posiblemente seguiría batallando, y traté de enfocarme en esas cosas positivas; era imposible no extrañarlo y tener ganas de pasar tiempo con él y era mucho peor cuando las personas cercanas preguntaban por él; era pésimo estar sin su sonrisa, sin sus chistes tontos, sin sus anécdotas, sin su espontaneidad, ¡sin él! Era en serio, fatal.

Yo daba por hecho que ya se había terminado por completo lo nuestro, cuando un día, pasado un mes, recibí su llamada telefónica, sentí que me brillaba el aura, que todo se coloreaba más intenso, fue una sensación de volver a la vida, de pasar de un tono gris a una luz despampanante, creo que respondí con rapidez, ¡a mí eso del orgullo no me va! Me sentí iluminada, a la vez que su voz me preguntó si nos podíamos ver, ¡por supuesto que sí! Casi quería meterme al teléfono y llenarlo de besos.

Y lo chistoso fue que me marcó por teléfono solo por cortesía, porque ya estaba afuera de mi casa, por fortuna estaba arreglada y no en fachas, salí rápido y lo abracé muy fuerte, creo que casi lloré de la emoción por verlo. Y ya sofocado el incendio emocional, lo invité a pasar a la casa. Me contó que no funcionó lo suyo con su esposa, y realmente, no me interesó saber más detalles, ni reclamar nada, ni empantanarnos en eso, para mí lo mejor era tenerlo de vuelta, y le dije que yo estaba bien, que me alegraba muchísimo tenerlo de vuelta, que yo tal vez en su lugar habría hecho lo mismo, ¡punto!

La relación retomó el curso pausado, y seguimos como estábamos, no hubo resentimientos de ningún tipo, creo que nos extrañamos tanto ese mes que estuvimos lejos, pareció eterno; planeamos salir de viaje juntos, nos fuimos a Puerto Vallarta y pasamos un fin de semana increíble, mi hijita nos acompañó, no fuimos solos del todo, y yo me encontraba en la compañía de las dos personas más importantes para mí, en ese momento.

La baby de mi sugar daddy.

Por una u otra razón no avanzamos más en esta relación, nada se formalizó nunca, hasta ahora. Yo lo amo, de un modo especial, y eso no puede cambiar nunca, pero estoy consciente que él tiene una vida echa antes de que yo llegara a su vida, aunque no tiene una relación real con su esposa, siempre estará ahí, por el acuerdo que tienen, y él siempre me dio luz verde para que yo hiciera mi vida con alguien más, y aunque pensé que nunca lo haría, cuando menos me di cuenta, ya estaba enamorada y ya tenía una relación formal y real con el padre de mi segundo hijo, con la persona que vivo actualmente, a quien conocí en mi trabajo.

Hemos vivido tantas cosas juntos, tantos bellos momentos, y malos también, nada es perfecto, pero el cariño mutuo es inevitable,

Tal vez la costumbre no lo sé, y sé que posiblemente no soy la única mujer en su vida, un hombre como él, adinerado, trotamundos, imposible que sea solo mío, pero nosotros no tenemos inconvenientes en ese sentido, ya que al igual, yo ya estoy con alguien, pero esas cosas están de más; somos cómplices de lo nuestro, y encontramos calidez el uno con el otro, me sigue dando dinero cada vez que nos vemos, ya no hay sexo, por difícil que parezca, nuestra relación ya es más cercana a una amistad sólida, seguimos conviviendo con las amistades en común y mi familia, incluso en algunas ocasiones él se reúne con mi familia para el karaoke sin mi presencia, no sé qué sea lo nuestro, pero seguimos incondicionales.

Le doy gracias a la vida por haberlo puesto en mi camino, fue una pieza clave para superar la turbulencia por la que atravesaba cuando lo conocí; a estas alturas dudo que algún día se termine lo nuestro.

Empezó siendo mi Sugar daddy, (aunque casi que lo sigue siendo), y se convirtió en un amigo real y fiel, una persona muy importante en mi vida; debido a su trabajo casi siempre está ocupado, así que él no busca relaciones oficiales, solo pasar un rato agradable y qué bien por él.


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