Romance con mi sugar baby.

No existe un manual donde se te muestren todos los pasos a seguir para abrirte paso en este mundo, en donde al menor de los descuidos corres el peligro de ser aplastado sin esperarlo, no te puedes dar el lujo de ser ingenuo/a completamente, debes tener un ojo en el juego y el otro a tu alrededor, planeando la siguiente jugada. 

Sí creo que las mujeres somos el sexo débil, tal vez no como antes, pero en realidad, si lo piensas más profundamente aún seguimos en desventaja a comparación de nuestros compañeros, el sexo masculino; todavía seguimos viendo que en las ofertas laborales los hombres tienen la ventaja, mejores puestos, mejores salarios, y en otras áreas de la vida cotidiana, siguen teniendo ventaja. 

Por ejemplo, a pesar de vivir en una época moderna, donde se supone que nos hemos despojado de los prejuicios sexuales, donde se supone que la libertad sexual ya no es un tema tabú, lo cierto es que aún sigue siendo aplastante la crítica social con respecto a la sexualidad, aún sigue siendo más aceptado el estereotipo del hombre macho donde se supone que al hombre se le permite y es lo normal, que tenga más de una pareja sexual, donde si una mujer se atreve a intentar este modelo de vida romántica, es criticada, reprimida, mal vista, y de “zorra” no la bajan.

Digo lo anterior porque es la realidad, nos guste o no, para dejar atrás todos estos prejuicios, y digo dejarlos en serio, aún nos falta mucho camino por recorrer, nos gusta pensar que ya estamos atravesando por una época de mentalidad abierta y que podemos referirnos a la opresión mental como un tema pasado, pues mi opinión es que, las bases para trascender el tema ya están sentadas, solo falta deshacernos de los fantasmas de esas ideas retrogradas, lo siento, pero es así. 

Las mujeres somos libres de elegir nuestro rol, y yo me quedo con el modelo tradicional.

En mi experiencia personal así ha sido, hablo por supuesto desde mi punto de vista y mis más vívidas anécdotas, que son las que me han dejado el buen o mal sabor de boca según sea el caso; y no es que yo esté enfadada con la idea de que los hombres gobiernan este mundo, no para nada, tal vez estoy agradecida al respecto, porque personalmente, no me gustaría cargar sobre mis hombros la responsabilidad que ellos llevan.

Los hombres en ese papel que fungen les toca hacerse cargo de una familia, ver por los intereses de su chica, es su responsabilidad poner “comida” en la mesa, cumplir con los “caprichos” de su amada, invitar a las amigas de ella, pagar las salidas al cine, al restaurante y a cualquier lugar al que vayan de paseo, todo esto y más es algo con lo que a mi no me gustaría lidiar ni por error. Las mujeres somos libres de elegir nuestro rol, y yo me quedo con el modelo tradicional, solo haciendo ligeras modificaciones en cuanto a la libertad sexual también. 

Estoy a favor de que un hombre se haga cargo de mí, y aunque a más de una feminista le puedo sonar de lo peor, lo cierto es que a mi sí me ha funcionado este papel, estoy agradecida con los hombres de mi vida porque han sabido velar por mis intereses hasta el día de hoy, de los hombres he obtenido lo que he necesitado, cuando lo he necesitado y no me quejo por nada, al contrario, gracias a ellos por haber estado en las buenas y en las malas y porque aún en el presente una figura masculina no me falta.

Yo vengo de una familia tradicionalista y bien acomodada económicamente, aunque pude haber tenido la vida resuelta, si hubiera sabido aprovechar más mi posición como hija de un adinerado empresario, posiblemente no me habría visto envuelta en las dificultades en las que me vi en la que llamo la peor época de mi vida y que a la vez fue necesaria para hacerme entender muchas cosas importantes de la vida.

Viendo en retrospectiva, solía ser una chica rica, malcriada, a la que la vida siempre le fue fácil, pero que nadie le dijo que habría un precio muy alto a pagar si se desviaba del “buen” camino. Con esto me refiero a que, mi padre no me dejaría mi parte de la herencia si demostraba ser incapaz de continuar inteligentemente con su legado. Y fue exactamente lo que hice, crecí sin saber que algún día me pasarían la batuta, que esa era la idea, es muy probable que mi padre o mi madre me lo hayan hecho saber, pero por supuesto, no los escuché. 

Empecé mi adolescencia con la idea de que podía obtener todo lo que quería, que si pedía algo lo obtenía, que las consecuencias de mis actos siempre serían ligeras, que no tenía nada de qué preocuparme porque tenía el respaldo de mis padres tan adorablemente ricos y comprensivos, que siempre velarían por el bienestar de su “hijita”. 

Siempre asistí a escuelas privadas, donde me rodeaba de niñas y niños iguales que yo, hijos de mami y papi, donde nuestro único interés en la vida era divertirse, donde el dinero era la menor de las preocupaciones, siempre los espacios vacíos estuvieron llenos, no conocí las carencias en esa época de mi vida, y tenía la certeza de que siempre sería de ese modo.

Rebelde y apasionado sugar baby

En la secundaria conocí a una chica que sería mi perdición, hasta llegué a sentir una atracción lésbica por ella, era mi inseparable compañera de aventuras; fuimos hechas en el mismo molde. El mismo prototipo de niña rica, mimada y consentida, acostumbrada a que todo lo que se le antojara se le concedía, hicimos cosas por primera vez en mutua compañía. 

La primera vez que fumé, la primera vez que besamos a un chico, la primera vez que me arrestaron por robar en una tienda, todas esas tonterías y muchas otras. Y sí, la primera vez que te digo “fui arrestada”, porque hubo una segunda vez y efectivamente, con esta amiga. Cometimos el error de involucrarnos con un chico mafioso que parecía inofensivo. A groso modo, él traficaba con drogas, nosotras le comprábamos de vez en cuando, pero nos hicimos amigos

Llegó la policía a una de nuestras fiestas recreativas, y decomisaron drogas y otras cosas ilegales, pero lo lamentable fue que nos vimos “embarradas”, nuestras familias tuvieron que conseguirnos los mejores abogados, y aunque no se nos pudo culpar de narcomenudistas, si cometimos algunas infracciones a la ley, y nos vimos en la penosa situación de cumplir 3 años de condena en la prisión, la condena original era de 5 años pero lo redujeron a 3 por buena conducta, aparte de que se consideró reabrir nuestro caso para evaluarlo nuevamente. Sin duda tuvimos buenos abogados. Cumplimos condena en Christina Melton Crain, Texas. Y por supuesto después de esto quedamos fichadas adiós, visa y cualquier privilegio en USA. Adiós del todo a esas reuniones en casa de nuestro díler texano y “buen amigo”, lección aprendida.

Incluso hoy en día, no me arrepiento de nada, porque siempre he tratado de ver el lado positivo de las cosas, y creo que esta mala experiencia en prisión me hizo madurar, aprendí las lecciones más importantes de mi vida, me hice más humilde y entendí que el mundo no me debe nada, que mis padres no tienen porque limpiar cada uno de mis errores, que soy responsable de mi propia vida y que debo elegir las decisiones correctas porque las consecuencias serán inevitables. Que las reglas no siempre están hechas para romperse.

Cuando estuve en prisión no recibí ninguna visita de mis familiares, entendí que estaba sola, que me habían dado la espalda y que mi lugar en la familia estaba fuera, al menos como heredera, y al inicio estaba enojada con todo mundo, lo resentí mucho, pero al poco tiempo entendí que la única responsable habría sido yo y nadie más. Porque tuve la oportunidad de hacer algo productivo todo ese tiempo que perdí siendo estúpida. No podía culpar a mi amiga o a mis padres por lo que me estaba sucediendo, tuve muchas oportunidades para no caer en el error, pero decidí el camino aventurero.

Al salir de prisión no obtuve la bienvenida que me habría gustado pero lo afronté, mis padres hicieron lo imposible por sacarme de ahí, pero decidieron que de ahora en adelante me tendría que costar a mi salir adelante, y vaya que sufrí, porque estaba acostumbrada a la buena vida, aunque ya en prisión me había hecho más blanda en ese sentido, estaba agradecida con la vida por haber logrado salir de ese infierno y quería pensar que de ahora en adelante haría las cosas bien, que evitaría los problemas y trataría de acatarme a las reglas sociales. Te aseguro que no quería más problemas. Regresé a Monterrey, “hogar dulce hogar”.

En México, y supongo que, en cualquier otro país del mundo, cuando sales de la cárcel es muy difícil que te den la oportunidad de encontrar un empleo digno y bien pagado, fue mi primer golpe de realidad de vuelta al mundo “libre”. 

Busqué empleos “decentes” pero en casi todos me pedían carta de antecedentes no penales, y habiendo dejado trunca la carrera que recién había iniciado cuando fui arrestada, pues claro que me iba a ser imposible trabajar en un lugar formal o cuando menos, aceptable. Y se me ocurrió que podría entrar a trabajar a un club nocturno, como mesera, finalmente atractiva soy. 

Estoy a favor de que un hombre se haga cargo de mí

Así que le aposté a mi única carta bajo la mesa, mi belleza física. De inmediato me aceptaron en ese bar al que entré, escogí el que me pareció más decente de todos, porque busqué algunas opciones antes de decidirme, y te puedo decir que me sentí un poco mal ese día, sentía temor de lo que vendría, sin mi familia que viera por mí, tenía miedo de no lograr salir adelante y peor aún, de exponerme a que algo me sucediera en ese ambiente nocturno. En prisión uno se entera de muchas cosas que solo podrían suceder en la imaginación. 

Recuerdo muy bien a una chica de prisión con la que compartí platica en más de una ocasión, se trataba de una bailarina, mejor conocidas en nuestro país como “teiboleras”, cuando me decía de las cifras monetarias que ganaba en una noche me parecía insignificante, pero ya cuando me vi desamparada en todos los sentidos, pensé que ese dinero no me caería mal. Por eso decidí tomar su ejemplo paso a paso. Ella inició así exactamente, primero entró de mesera en un bar o club nudista, y entonces aprendió de las chicas que ahí trabajaban, y se ascendió a bailarina. Esa era mi tirada.

Lo hice. En mi jodida vida nunca había trabajado, menos de mesera, por lo que mis nervios me traicionaron en mas de una ocasión. Tiré bebidas, serví mal las copas, etc. Pero los hombres siempre fueron amables, no conozco a ningún hombre que sea grosero con una bella mujer. 

Pasados casi 6 meses de trabajar como mesera me animé a pedir una oportunidad para trabajar como bailarina, me hicieron la prueba y me dijeron que sí, claro que antes de esto mi compañera de renta, una de las bailarinas de ese club, ya me había enseñado cómo se hacía. Y fue justo cuando estaba cumpliendo mis 24 años que tuve mi primer show como novata bailarina exótica de ese club. 

Ya varios clientes me conocían como la mesera linda del lugar, y tenía mis “admiradores” que en repetidas ocasiones me habían ofrecido pagar por sexo, pero que no acepté nunca. Sin mentirte obtuve $3,000 pesos esa noche, entre propinas y la paga del bar, yo estaba emocionada porque fue en solo un rato que junté ese dinero, mientras que mi amiga la experta me dijo que era muy poco, estaba acostumbrada a más dinero, no pude evitar pensar que iba por el buen camino. 

Estoy agradecida con los hombres de mi vida, especialmente con mi sugar daddy.

Desempeñé esa labor tal vez un año, o menos. Hasta que conocí a mi querido Sugar Daddy, Un hombre adinerado y espléndido que una noche me dijo, “mija, tu no perteneces a este lugar”. Así inició este fabuloso señor su historia en mi vida, se trata de un político que suele ir a este club, en el área vip por supuesto, en una de mis noches de suerte me tocó animar su visita, y fue que tuvimos contacto por primera vez. Comenzó a frecuentarme unas dos o tres veces por semana, hasta que cumplió su promesa de sacarme de esa vida. 

Solíamos mantener largas charlas y nos conocimos poco a poco, él estaba encantado con mi belleza, y mi forma de ser, me ha dicho siempre que soy una mujer con clase que, a pesar de todo, era notable que no encajaba en ese ambiente.  Que si le permitía él podía ofrecerme una mejor vida, y pensé que era uno de tantos clientes que dice esto, de hecho, hay muchas bromas al respecto, sobre los hombres que entrados en copas les dicen a las chicas de los bares que las sacaran de esa vida. Pues en mi caso, sí fue real.

Después de un mes frecuentándonos ahí, me dio las llaves de un departamento pequeño, hermoso y acogedor, y un auto, yo pensé que era muy bueno para ser verdad, que tal vez el precio sería muy alto, pero era evidente que para él esto no es nada. Me confesó que se había animado a hacerlo conmigo de este modo, porque ya me había observado en el bar que no me voy a la cama con cualquier hombre por dinero, aparte de que me había investigado y había comprobado que mi historia era real, que provengo de una familia acomodada.

Tenemos un año con este acuerdo, casi de inmediato retomé mi carrera universitaria, tuve que iniciar desde cero, pero he tratado de aprovechar esta segunda oportunidad de mi vida, esta vez lo quiero hacer bien. Mi Sugar Daddy es un hombre casado con una vida muy diferente a la que lleva conmigo cuando se escapa. Tenemos una relación muy agradable, somos buenos amigos, y estoy inmensamente agradecida con él porque confió en mí, también gracias a él pude demostrarle a mi familia que me rehabilité y que he madurado. 

Ahora frecuento a mis padres nuevamente y la relación familiar se ha recuperado. Terminando la carrera pienso ejercer, tengo planes para mi vida de los que estoy segura lograré llevar a cabo. Y por supuesto, repito lo que anteriormente dije, estoy agradecida con los hombres de mi vida, especialmente con mi sugar daddy que ha sido como una especie de “salvador” y que posiblemente sin él tal vez seguiría trabajando noche tras noche en ese triste bar. 


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