Mi experiencia con los sugar daddies

¡Hola! Me llamo Irina, tengo 29 años, un mes más y cumplo los 30 y soy una trotamundos desde muy pequeña. Debido a la profesión de mis padres, son biólogos y para rematar son lo que se denomina hippies, así que te imaginarás que viví mi infancia viajando y aprendiendo una curiosa y ligera filosofía de vida.

Recibí educación en casa, o mejor conocido como homeschooling, pero mi vida social ha sido siempre muy movida, sin paros ni estancamientos, ya que siempre estaba en talleres de todo tipo y en clubes deportivos, mis padres no me hicieron una persona ermitaña, pues ellos tampoco lo son. Había ocasiones que me ingresaban por periodos de tiempo a las escuelas cuando se podía, o hasta un año de ciclo escolar completo, repito, cuando se podía.

Soy una mujer con una mentalidad muy abierta, no me espanto de nada y busco la satisfacción y el placer en cada decisión y acontecer de mi vida. Soy profesora de Psicología en una universidad privada de la ciudad de México y tengo mi consultorio donde doy terapia de pareja.

 

Mi vida puede parecer normal y rutinaria, pero soy una camaleona, más no hipócrita, que ha aprendido a navegar en las aguas más oleadas de los famosos estereotipos sociales. Digo que no se trata de ser hipócrita, más bien, se trata de ser prudentes. Finalmente, todos usamos las máscaras de acuerdo con cada ocasión. 

Sugar baby hoy te hablaré de mi peculiar vida amorosa

Me siento animada a compartir parte de mi vida privada con perfectos extraños el día de hoy, pues llegó a creer que las personas somos capaces de aprender de las experiencias de los demás, así que, si te sirve de algo la mía, toma nota.

Hoy te hablaré de mi peculiar vida amorosa, sí, ¡peculiar! Verás, desde nunca he tenido arraigada la idea de la monogamia o el típico amor de telenovela y “el vivieron juntos para siempre”, yo creo que he sido más práctica en ese aspecto de mi vida y he sabido llevar una plena vida amorosa, sin tapujos ni dolor alguno, por el contrario, solo diversión, momentos inolvidables, felicidad “la que el cosmos disponga”.

Mi primera relación sexual fue a los 16 años, yo no estaba enamorada del chico, recuerdo que siempre fui un tanto precoz desde pequeña, así que, en ese sentido, tenía al menos un año coqueteando con la idea de perder mi “virginidad”, quería apresuradamente, ser “una chica grande”, siempre me sentí atraída por los hombres mayores y atractivos.

Para mi suerte, tuve unos padres muy amorosos y verdaderos profesionales en el área de la psicoeducación, me enseñaron correctamente el buen uso de la sexualidad y todo lo que debía saber para llevar una vida sexual con responsabilidad, por lo que, hasta hoy en día, puedo gozar de esa área de mi vida sin preocupaciones. 

Mi primera vez

Cuando tuve intimidad por primera vez con un hombre, ya sabía lo que sucedería y lo pude disfrutar mucho, debido a que ya tenía la teoría en mente, faltaba llevarlo a la práctica. Y fue con un chico de mi escuela, el más apuesto de todos, “el carita de la prepa”. Yo realmente no he sido fea nunca así que no fue difícil conseguir a ese prospecto para esa tarea específica.

Recuerdo que yo tomé el control de la situación, él era solo un año mayor que yo, ambos éramos menores de edad así que todo, fue, hasta cierto punto, dentro de los márgenes de la legalidad, no hubo estupro alguno, solo éramos dos inexpertos adolescentes queriendo ser adultos ¡ya!

Cuando conquisté esa nueva área de mi vida me sentí realizada. Sobre todo, por haberlo hecho del modo en que había imaginado y con quien deseaba hacerlo. Fue como un logro de muchos, así me sentía, como una mujer empoderada, y pudo ser adictivo un tiempo después de ese primer encuentro, pues casi a diario nos veíamos ese chico y yo después de clases.

 

Fue un año de perfeccionar mis habilidades en la cama, todo con este chiquillo de mi primera vez, no éramos novios, de hecho, él tenía una noviecita, pero de manita sudada, a la que supongo quería tiernamente, y conmigo dejaba salir su lado sensual y salvaje.  Al cumplir los 18 años yo ya era una mujercita, un poco experta y podía fácilmente, intimar con un hombre como los que me gustaban, mayores que yo.

Primeros coqueteos con el mundo azucarado

A los 18 conocí a mi primer “madurito”. Él tenía 40 años, era un conocido de mi papá, no recuerdo muy bien, pero creo que era compañero de trabajo de mi papá o era su jefe, el punto es que eran muy cercanos, y solían reunirse frecuentemente las dos familias y convivir.

Yo no era muy entusiasta con esas reuniones, me parecían aburridas de hecho, pero en una ocasión, algo me llamó la atención de este señor de nombre Fabio. En una de esas reuniones coincidimos en el baño por accidente, yo me encontraba cambiándome la blusa porque le había derramado algo, y él por accidente entró, yo me había olvidado de poner el seguro.

El señor se vio muy apenado por el incidente, pero yo me sentí atraída por la idea de que algo más pudiera haber sucedido, siempre pensé que era un señor atractivo, pero me había abstenido por respeto a la relación que tenían él y mi padre.  Pero desde ese momento ¡no más!

Comencé a jugar un juego peligroso que me hacía sentir la adrenalina correr por mis venas. Al coquetear con él o insinuarle cosas más fuertes, se ponía muy nervioso, pero no eran los nervios de rechazo o repudio, eran más bien los nervios de “quiero, pero no puedo”, era como “no, pero sí”.

 

Y el pobre no pudo resistir por mucho a mis encantos, y entonces comenzamos una aventura que duró pocos meses, debido al temor de ser sorprendidos por nuestros seres queridos, el hecho de ser parte del mismo circulo social lo hacía complicado. Él por supuesto, era un hombre casado y de familia. 

Las relaciones tradicionales, no son de mi agrado

Junto a Fabio aprendí lo bueno de las relaciones esporádicas, tengo buenos recuerdos de lo nuestro y, sobre todo, las vivencias juntos que más adelante me servirían en las relaciones que vendrían después de él. Recuerdo que me daba dinero cada que nos veíamos, y eso me hacía sentir como una trabajadora sexual, pero en lugar de ofenderme, me gustaba mucho, porque era como salir de mi realidad de niña buena y de casa y convertirme en una persona diferente.

Tuve un noviazgo que duró poco tiempo, después de Fabio, era un chico de mi edad, pero ahí fue cuando me di cuenta de que las relaciones formales no son de mi agrado, detesto sentirme atada y comprometida, me gusta sentirme libre de ir a donde quiera, con quien yo quiera, y cuando yo quiera. Aparte que estar con un hombre mayor te cambia en muchas maneras. Después de alguien como Fabio, no podía retroceder y conformarme con cualquier chiquillo de mi edad.

Me ligué a un profesor de la escuela, pero fue cosa de dos o tres acostones, no fue algo que pudiera funcionar, pero me gustó, pues resultaba más arriesgado que con mi prospecto anterior, ya que, si nos cachaban, sería terrible para ambos, por lo mismo no pudo durar más de la cuenta. Haberme ligado a un profesor me hizo sentir irresistible, y que podía estar con cualquier hombre que yo me propusiera. Era como descubrir un don nuevo, pero del que no tenía idea de los beneficios que podía tener al explotarlo.

Entonces, como de costumbre, nos mudamos de ciudad, en esta ocasión mis padres tomaron una investigación en España, por unos meses, y estando allá, podrás imaginarte ¡qué cosas no hice!

No cambio por nada mis vivencias como sugar baby

Fueron 3 meses de intensas fiestas nocturnas, nuevas amistades y viajes alrededor de la zona. Conocí a Juan Pablo, un ingeniero de 51 años guapísimo alto, y super caballeroso que te derretía. Era un hombre sumamente irresistible, dueño de un antro nocturno que frecuentaba en mi estadía en España, me lo presentaron en una de esas ocasiones y una cosa llevó a la otra.

Manolo no me daba dinero, pero invitaba todo de su bar en mis estadías nocturnas y aparte el sexo con él era increíble, sin dejar de lado que me llevó en su yate un fin de semana completo, nos perdimos en la nada esos dos días y fue una experiencia maravillosa. No podía dejar de pensar que siempre el siguiente hombre madurito sería mejor que el anterior.

Y efectivamente siempre ha sido así, hasta el día de hoy. He sido Sugar baby de varios hombres maduros y siempre me he llevado anécdotas que al recordarlas me siento en una película de alta calidad, o sea, no cambio por nada mis experiencias con estos hombres.

 

Este estilo de vida “amoroso” ha sido el que he elegido desde que tuve conocimiento de mi vida sexual, no me imagino que pueda ser de otro modo, y aunque como puedes deducir, no tengo la menor necesidad de recibir la ayuda de ellos, pues provengo de una familia con buenas oportunidades de una buena vida digna. 

Soy una sugar baby solo por gusto

Pero ser Sugar baby se trata, al menos para mí, de un juego de seducción, lograr obtener cosas de los hombres, me hace sentir deseada y eso me excita y me encanta. Es un juego que quiero seguir jugando por mucho tiempo más; tengo 30 años y es posible que no me queden más de 15 años en el ruedo, así que a darle.

Aclaro que, aunque este aspecto de mi vida no pueda resultar del agrado de muchos, y que posiblemente mis alumnos o mis pacientes del consultorio se puedan llegar a sorprender si supieran estas cosas mías, eso no me hace una persona sin valor. Proyecto una imagen ética y de respeto siempre en mi vida profesional, pero con mis seres más cercanos, soy como soy, sin tapujos.

Te puedo decir que no me arrepiento de estas elecciones que he hecho y que, por ende, si me lo preguntaran, no cambiaría nada de las cosas que he hecho. He llevado mi vida sexual como he querido desde un principio y pienso seguirlo haciendo así.

 

Te repito, aunque realmente no tengo la necesidad de hacerlo de este modo, es un aspecto de mi vida que disfruto mucho. Pues aparte de que he viajado mucho siendo Sugar baby, también he obtenido cosas materiales que ninguna mujer en su sano juicio rechazaría, he conocido personas que me han sido de mucha ayuda en diferentes aspectos de mi vida. 

Sugar baby, no tienes porque limitarte los demás opinen

 

He aprendido mucho de cada una de mis conquistas. No he sentido la necesidad de contraer matrimonio o vivir con una persona, creo que eso sería como cortar las alas de un pájaro que siempre ha sido libre y que de repente lo enjaulas, eso sería la muerte para mí. Yo solo quiero seguir navegando en la libertad que ya conozco y con la que me siento muy cómoda.  

Conozco a muchas chicas jóvenes, como yo lo fui en alguna ocasión algunos años atrás, chicas que se sienten atrapadas en relaciones toxicas y que por lo que expresan, desearían vivir las relaciones de otra manera, pero se reprimen y no se atreven a experimentar cosas nuevas.

Por ellas me animo hoy a contarles mi experiencia, aunque sea de modo anónimo, quiero que sepan que todas las personas tenemos derecho de ser como deseamos ser, que no tenemos por qué limitarnos por lo que los demás digan de nosotros. Cada uno es dueño de su vida y puede elegir libremente, nadie es dueño de nadie.

Que todas las mujeres tenemos siempre una historia que contar y que a veces, nos podemos llevar sorpresas cuando nos enteramos de los detalles de la vida privada de la vecina o la amiga, en este caso, de la profesora o de la terapeuta.

 

Yo soy una mujer profesionista, soltera, responsable, libre, feliz y no me siento atada o comprometida a ninguna relación o persona indeseable. He tomado mis decisiones, malas o buenas, pero me han hecho la calidad de mujer que soy, sé respetar el bienestar de otros y creo que eso es mucho que decir, soy una Sugar baby solo por gusto, y ¿qué crees? ¡Se siente genial! ¿Cuál es tu historia mujer lectora?


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