¡Increíble! Esto que estoy viviendo aún no lo puedo creer ni yo misma. Soy Sheyla, una mujer de 30 años, madre soltera de una niña de 1 año, trabajó como freelance y dispongo de mucho tiempo, aparentemente, pero entre la universidad que aún no concluyo, el trabajo y mi labor como madre soltera, apenas encuentro tiempo para mí. En el aspecto romántico de mi vida, Me consideraba una fiel amante de los hombres maduros, hasta hace poco.

Resulta que después de mi fallida relación con el padre de mi hija, quien, irónicamente fuera mi Sugar daddy al inicio de todo, me invadió una especie de desagrado hacia los hombres maduros, simplemente me harté de eso. Sé que mi fracaso en la relación me orilló a querer probar nuevas cosas, a cambiar la forma de hacer las cosas en cuanto a “relaciones amorosas”. Y creo que, en este punto, ¡me excedí rotundamente! Ya que, de fijarme siempre en maduritos, me empecé a fijar en chicos menores que yo.

Repentinamente una mañana me desperté con ganas de vivir un romance. No sé ni cómo surgió la idea, pero fueron unas incontenibles ganas de conocer chicos jóvenes; atravesé por una separación tóxica, y creo que necesitaba consentirme un poco en todos los sentidos, y el aspecto sexual no podía quedar excluido. Quería sentirme admirada y deseada por alguien y quería que ese sentimiento fuera tan genuino como nunca lo había sentido, sabía que eso era lo que necesitaba en ese momento, pero no imaginé que mi mente se enfocaría en un nuevo tipo de búsqueda para mi compañía.

Desde siempre me habían gustado los hombres maduros, no digo que ya no me gusten, si veo alguno que sea tal y como mis exigencias lo piden, seguro me gustará. Pero de momento estoy entretenida con los chicos jóvenes. Ese día que mi mente se rebobinó con respecto al romance y a su edad, abrí mi cuenta en una aplicación para citas y encuentros locales, sin pensarlo, puse en las opciones el rango de edad entre 20 años y 25 años, cuando me percaté de eso, me sorprendí yo misma, fue algo casi por inercia, pero tampoco me retracté, definitivamente fui traicionada por mi subconsciente, pero celebro mi propio atrevimiento.

Me ganó la curiosidad una vez que estaba realizada mi alta exitosa en la aplicación, empecé a ver las sugerencias y me quedé cautivada con algunos chicos, especialmente con uno, Carlos, quien en su perfil aparecía con edad de 24 años, al momento de conocernos me revela que tiene 21 años en realidad. Tuvimos atracción mutua, y comenzamos a platicar a diario, nos escribíamos y lo que había estado buscando con ansias, comenzaba a tener resultados, me empecé a sentir como me quería sentir: admirada y deseada por el sexo opuesto, y de modo genuino. Todo iba conforme al plan. Me gustaba mucho recibir las llamadas y WhatsApp de mi “niño” lindo. Quedé flechada por esa sonrisa hermosa, sus labios bellos y carnosos, en fin, todo un galán, muy guapo, creo que fácilmente podría ser modelo juvenil.

Secretamente me apenaba en ocasiones, por la situación de verme a mí misma, deseando a un chico más joven que yo; llegué a sentirme un poco ridícula por desear al joven detrás del monitor, pero hoy lo digo abiertamente, aunque no me conoces ni yo te conozco a ti, somos cómplices de esto, ya que si estás leyendo ahora mismo, significa que tienes cierto interés por este tema, y te puedo decir, desde mi experiencia personal, que me alegra mucho haberlo hecho, haber comenzado a abrirme a la posibilidad de cambiar mis gustos y me sigue gustando hasta el momento.

Mantuve una relación completamente virtual con Carlos, durante al menos dos meses, antes de vernos en persona. Intercambiabamos fotos, nos poníamos al día siempre, y platicábamos de nuestras vidas y cosas triviales, lo normal en una relación de amistad que recién comienza. Cuando llegó el momento de vernos puedo decir que me sentía muy emocionada, ya quería verlo, porque ya le había cogido cierto cariño, aún seguía teniendo ciertos prejuicios hacia mí misma por la naturaleza de la relación, pero una vez juntos se me olvidó todo lo malo, fue mucho mejor de lo que había imaginado, ese niño tan dulce y sexy a la vez, ¿Cómo era posible que de haber dominado emocionalmente el terreno de los hombres mayores ahora yo estaba siendo dominada por ese chico tan joven? Ironías de la vida.

Debido a que me sentía aún un poco nerviosa por el encuentro, tan nuevo para mí, no me quise exponer en público con él, así que le dije que pasaría por él a la hora que saliera de la universidad, ese día estaba libre, ya que mi hija se quedaría con su papá y yo tendría la tarde libre para mí sola, era un buen momento de conocernos al fin. Lo esperé estacionada frente a la universidad, al otro lado de la calle, a los pocos minutos lo vi cruzar la calle, era el chico lindo y apuesto de las fotos, detrás del monitor, ¡era él al fin en persona! Subió al auto y nos saludamos de beso en la mejilla. Encendí el auto y conduje unas cuadras más adelante, donde se perdiera de vista la universidad y cualquier posible conocido de él, me orillé y apagué el auto, en un movimiento rápido, lo besé apasionadamente; eran unas ganas incontenibles de hacerlo, creo que desde el primer día que lo vi, sentí tal atracción por él. Y para mi fortuna, fue un beso correspondido. Una vez apagado el incendio de nuestra pasión desbordante, nos fuimos, pero antes le pregunté qué quería hacer, cuál era su idea de nuestro encuentro, y mi chico joven, pero maduro, me dijo que le gustaría platicar y conocernos más, comer juntos era un buen inicio, así que, conduje a mi casa.

Llegando a casa se sentó en la sala mientras me esperaba. Cociné una pasta con camarones deliciosa y la acompañamos con vino, nos sentamos en la alfombra de la sala, no queríamos nada más que estar cómodos disfrutando de nuestra comida y la compañía que ya nos era familiar desde hacía un tiempo. Nuestras miradas irradiaban deseo y ternura al mismo tiempo. Es un chico increíblemente atractivo, tiene una mirada que atrapa a cualquier persona, hombre o mujer, y tiene un cuerpo atlético que gusta a la vista de cualquier mujer. Yo estaba contemplando en secreto su belleza, su jovial belleza.

Vimos una película después de la comida y la plática amena, y como habíamos planeado pasar la tarde juntos, el tiempo era lo de menos; incluso nos dormimos un rato en la sala, al terminar la película, pero en ese primer encuentro no hubo sexo, yo no sabía ni siquiera cómo tocarlo más allá de un beso, era completamente nueva para mí la experiencia, sí lo deseaba, y mucho, pero no tenía idea cómo seducirlo o hacerlo con él, me sentía un tanto intimidada por su edad, y eso era algo que también me gustaba sentir, todo era misterio, no sabía qué esperar del momento, y él lucía tan cómodo y alegre que pensé que estábamos en buen camino.

Cuando llegó la hora del anochecer, el chico astuto, llamó a casa para avisarle a su mama que no llegaría a dormir porque pasaría la noche en casa de su mejor amigo; su mamá nunca imaginó que aquél hermoso niño grande le estaba mintiendo. Mi hija estaría con su papá hasta el día siguiente, así que, teníamos la casa para nosotros solos. No tuvimos sexo en ese encuentro. Dormimos en la misma cama, lo abracé un rato durante la noche y sentí magia dentro de mí, o al menos, absolutamente nuevo el sentimiento, no era algo que estuviera en mis recuerdos. Me sentí en un ambiente de dulzura e ingenuidad, porque su actitud me recordaba a mí misma cuando tuve mi primer encuentro con un hombre mayor que yo, en el caso de Carlos, me inspiraba a protegerlo, a cuidar de él, pero al mismo tiempo de sentir ternura, sentía mucha atracción hacia él, una completa combinación de sensaciones nuevas y hasta cierto punto, adictivas.

Antes de dormir, tomamos un baño por separado, él no traía ropa para dormir, y yo no tenía nada que ofrecerle así que durmió en ropa interior junto a mí, lo que fue sexy pero no grotesco, todo lo contrario, fue muy agradable sentir su cuerpo semidesnudo junto al mío. Y a la mañana siguiente, que era un sábado, lo invité a desayunar a un restaurante cerca de mi casa, famoso por ser los mejores pancakes de la zona. Ya me sentía más animada para que nos vieran juntos en público. Aunque yo no soy una mujer vieja en realidad, me sentía cohibida por la diferencia de edades, pero era normal, por mi experiencia previa, yo siempre estaba del otro lado del tablero, pero esta vez me tocaba ser la adulta mayor.

Desayunamos muy rico, y lo llevé a su casa, lo dejé a una cuadra de su casa, porque él tenía temor que su mamá viera que una persona extraña lo llevara. Me sentí un poco bizarra al momento que fui cómplice de un chiquillo mintiéndole a su mamá, sobre la realidad de dónde había pasado la noche anterior. Al momento de haber entrado a su casa, mi joven chico me envió un WhatsApp expresándome su agradecimiento y lo bien que la había pasado conmigo, creo que era la primera vez en muchos años que un chico me decía algo tan lindo, es decir, que me externaran su sincera emoción sin pretensiones ni apariencias; amé ese detalle, y presentía que habría más de eso, ¡definitivamente me gustaba este lado del tablero!

Su ingenuidad y su sinceridad me tenían muy contenta. Ya se habían terminado los juegos de competencia, de esforzarme por agradar a un hombre mayor que ya lo ha visto todo y que difícilmente se sorprende conmigo, ahora se trataba de disfrutar de la emoción de la nueva experiencia de él conmigo, y de ser yo la “madura” que ya lo ha visto todo, o casi todo y que difícilmente se impresiona, y no pude evitar sentir cierta responsabilidad con la imagen que proyectase yo para él, hasta cierto punto, podría ser un ejemplo para ese apuesto niño. Él podría aprender de mi lo que se debe y no se debe hacer en una relación, tratar como quieres que te traten.

Tenemos un año juntos, por el momento es mi único SB, no sé si más adelante estaré dispuesta a abrir mi catálogo de opciones y conocer a otro chico como Carlos, pero por ahora me siento muy complacida con lo nuestro, no busco más. Nos vemos usualmente cada viernes, o algún otro día de la semana que tengo casa sola. Se repite la rutina, y ahora sí, disfrutamos mucho del sexo, al inicio él no sabía mucho sobre el tema, pero conmigo ha aprendido y perfeccionado en este ámbito, yo disfruto mucho de ser quien lo guía a ser un experto en la cama, y en el aspecto de la convivencia, seguimos disfrutando de las charlas sobre la alfombra o de una película juntos.

Su mamá cree que él es mesero en un servicio de banquetes los fines de semana, así que yo le doy el dinero que justifica esas horas, aparte que también lo he llevado de viaje conmigo algún fin de semana cuando nos hemos escapado de la rutina de nuestros encuentros ocasionales de cada semana; tengo bellos recuerdos con él en la playa, en la cama, en todos lados; aun mantenemos en discreción la relación ya que él se esconde de su mamá y yo de mi ex que aunque ya no somos nada, no quiero causar problemas por la relación con el padre de mi hija. Sé que es más aceptado un hombre mayor con una chica joven que una mujer mayor con un chico joven, no entiendo por qué si es básicamente igual, yo dispongo de la solvencia económica para satisfacer mi gusto y el gusto de mi chico joven.

Si eres una mujer mayor o de la edad que yo y quieres intentar algo nuevo en el sexo y la relación, te recomiendo intentes con un chico joven, yo solía verlos con cierto desprecio, pero te aseguro que te pueden dar sorpresas gratas, al menos en mi experiencia, Carlos no deja de sorprenderme, vale la pena ver parte de mi dinero invertido en él, me divierto y mi satisfacción está garantizada …


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